La inversión en tierra, no es una moda pasajera.

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En  los últimos años estamos asistiendo,  a nivel  mundial,  a una llegada masiva de capital al mundo de la agricultura.

La compra de tierras, o su alquiler en la largo plazo, es solamente el primer paso dentro de lo más bien deberíamos denominar como inversión en el agribusiness más que en la agricultura. Si miramos solamente hacia este primer paso de la inversión,  lo primero que nos puede llegar a la mente es una idea de inflación en el valor de las propias tierras y en el valor de los alquileres a largo plazo, este último hecho agravado  en el territorio Ibérico  por la “alocada” (no se si incluso descabezada)  proliferación de campos para la producción de energía solar.

El incremento del valor de las tierras es sin duda más que apreciable, y  sus valores, en muchos casos, han llegado a duplicarse en los últimos cinco años.  Si a este incremento de precios le unimos factores como la guerra de Ucrania,  el  incremento de los insumos,  las dificultades de obtener garantías de agua que garanticen las producciones, e incluso,  la disminución en el crecimiento de la población del principal importado  de alimentación, China, el incremento de los costes de transportes y de transformación ante las inacabables nuevas medias en el sector alimentario;  nos llevarían a pensar que ¿Por qué tanta afluencia de dinero al mundo del agribusiness?

 En contraposición a los factores expuestos en el  párrafo anterior,  hay muchas razones de peso que determinan el crecimiento de sector agribusiness como  nuevo mercado de inversión desde el punto de vista financiero.

La inflación de tierras, no  podemos considerar, como otros autores afirman,  como el inicio de una nueva burbuja financiera similar a la vivida en el sector de la construcción. Como hemos dicho, la compra de la tierra, es solo el primer paso en un proceso en el proceso de inversión del agribusiness, y  se necesitan de esfuerzos mucho mayores para el desarrollo y la puesta en rendimiento de dichas tierras. Rendimiento que perdurara a lo largo de muchos años y que en la mayoría de los casos, supera a la duración de los vehículos financieros creados para invertir en el sector. Este último hecho será uno de los primeros que el mercado tendrá que aprender para acomodar sus rígidas y anquilosadas estructuras de inversión a un sector productivo diferente a cualquier otro nicho de inversión explorado hasta ahora por la industria financiera.

El segundo paso para hacer rentable las inversiones en el agribusiness y que ahora que los incrementos de valor, aunque en crecimiento, pues son un valor escaso  y “contable”;  es el hecho de la transformación. La industria financiera puede que este acudiendo en masa a invertir en el agribusiness, cada uno con una intención diferente y que explicaremos más adelante; pero la capacidad de transformación,  el conocimiento de poder generar un resultado financiero optimo y duradero, reside en manos de muy pocos actores.

La industria financiera está contemplando como su dinero llega a un sector fundamentalmente familiar, con conocimientos y propiedades transmitidas de generaciones en generaciones pero donde la profesionalización y la “industrialización” del manejo del campo reside en un puñado muy reducido de empresas.  Sorprende que el sector financiero no esté mirando esto y que estas empresas no estén en su objetivo primario a la hora de plantear inversiones en agribusiness.

El objetivo último de la agricultura es crear alimentos para dar de comer a una creciente población mundial,  no en vano,  la FAO, determina la utilidad de las producciones y de las tierras destinadas a la agricultura en función del coste que se necesita para generar 100 g de un determinado alimento.  Este solo hecho, serviría para dar por buena cualquier inversión en agribusiness.

Anteriormente comentábamos que la industria financiera esta acercándose a la agricultura movida por diferentes motivos, alguno de ellos, son simplemente internos; como por ejemplo, la compensación de sus carteras de inversión ante las nuevas reglas de inversiones sostenibles, y que una vez más,  han cogido al mundo financiero “mirando para otro lado”.

Nuevamente nos encontramos con un factor ligado intrínsecamente al mundo de la agricultura. Al contrario que la idea extendida de que la agricultura es un factor contaminante y “derrochador” de factores naturales como el agua; la agricultura, el manejo de la tierra durante periodos largos de tiempo,  es el principal activo de inversión que por su propia naturaleza, constituye una fuente de ventajas medioambientales.  Su  propio funcionamiento hace obvio la generación de economías circulares,  la gestión eficiente del agua (ningún sector ha investigado e introducido mejoras en el manejo del agua como el de la agricultura),  el secuestro de carbono… La agricultura, en definitiva,  incide, sin ningún esfuerzo especial, en 13 de los 17 ODS.

Nuevamente, para manejar el concepto de sostenibilidad, la industria tropieza en el problema de que hay muy pocos actores que poseen el conocimiento para implementar estas medidas de sostenibilidad en sus inversiones. Mediadas que además repercuten de forma directa en la reducción de los costes en los insumos y  en la generación de nuevas líneas de ingresos para sus explotaciones.

Sin duda, la sostenibilidad, es el sentido común de la agricultura.

En resumen, podríamos decir que la inversión en tierras no es una moda, sino tan solo, el primer acto de una industria de inversión que tendrá que evolucionar de forma rápida, porque, una vez más,  el subyacente, supera en conocimiento y expectativas a la propia inversión. Esperamos y deseamos que la industria financiera, ponga su foco en las inversiones en tecnologías agrícolas y en capacidad operativa agrícola. 

La inversión en agribusiness, al igual que la sostenibilidad no puede tener una visión parcial, sino que es imprescindible que cuente con una visión  holística.

Dimas Antúnez.