Antonio Álvarez Gallego, director de operaciones de Bolschare Energy, comparte un enfoque que va más allá de la teoría: ya se está aplicando en nuestras explotaciones superintensivas de olivos y almendros. Un modelo probado, económicamente viable y escalable, estructurado en tres fases:
🔆 Fase 1 — Energía fotovoltaica para autoconsumo. El riego se lleva a cabo durante las horas diurnas; la generación se produce simultáneamente. La sincronización es inherente. La amortización de la inversión se alcanza en un plazo de 5 a 7 años, con una vida útil superior a los 25 años.
🌱 Fase 2 — Biogás. La demanda de riego se extiende a los periodos nocturnos, y los residuos agrícolas —junto con los de las comunidades rurales vecinas— representan una ventaja competitiva en lugar de un centro de costes.
♻️ Fase 3 — Economía circular. El digestato de las plantas de biogás se transforma en fertilizantes orgánicos que se devuelven al suelo, cerrando así el ciclo de forma efectiva. Resultados medidos de la Fase 1, certificados a través de nuestra plataforma Arima (acreditada por AENOR):
▸ 60 % de cobertura del consumo energético de la explotación
▸ 45 % de reducción en los costes operativos
▸ Reducción de más del 50 % en las emisiones de CO₂
▸ Menor contaminación acústica
La agricultura ha experimentado una industrialización. Al igual que cualquier otro sector, su competitividad depende ahora de la eficacia con la que gestione la energía. Nuestro agradecimiento a Expoenergea y a todos los asistentes, cuyos debates reforzaron un mensaje claro: el futuro de la agricultura se encuentra en la intersección entre la energía, la agricultura y el territorio.